Siglo XXI: ¿el fin de la monogamia?,

Debido a las grandes transformaciones de nuestra sociedad, estudios hablan del fin de la monogamia como la conocemos. Pero eso implica ¿poliamor o una redefinición natural de las relaciones?

Algo que es mayoritario en las sociedades de herencia judeo-cristiana es lo que se denomina como pareja única o monogamia.

Una forma de relación en la que un hombre y una mujer (hablando en términos técnicos) se relacionan entre sí de manera única. Es decir, no tienen relaciones con ninguna otra persona.

Este tipo de relación se asocia con el término «fidelidad» pero, en la sociedad actual, se ve cargada de hipocresía. Sobretodo por que los datos revelan que las posibilidades amplían la infidelidad.

Monogamia sexual y/o sexual

Existen dos tipos de monogamia establecidos. Dentro de las sociedades monoparentales se pueden distinguir dentro de ella: la monogamia sexual y la monogamia social.

La monogamia sexual es aquella donde las parejas sólo tienen relaciones sexuales con una sola persona a lo largo de su vida. Sus experiencias se limitan a una relación.

Por otra parte, la monogamia social es aquella donde una persona mantiene una misma pareja. Sin embargo, no necesariamente será con esta persona con quien tendrá relaciones sexuales de manera exclusiva.

Esta diferenciación es importante puesto que, en la actualidad, se estipula que el modelo vigente de relación es la monogamia social. Mientras que la monogamia sexual es algo que se practica en la hipocresía pero no en la realidad, al menos, eso se incrementa en la mayoría de las relaciones que tienen la posibilidad de tener relaciones sexuales sin que su pareja tenga conocimiento al respecto.

¿Fin de la monogamia o transformación de las relaciones?

Los especialistas estiman que, en los tiempos que vivimos, cada vez estarán más naturalizadas las relaciones de monogamia social pero con un «relajamiento» en cuanto a la monogamia sexual.

Esto se debe a los principios por los cuales la monogamia se estableció como principio motor de la sociedades humanas (principalmente en occidente).

Entre ellos se destacan el cuidado de la infancia, asegurar la reproducción, garantizar estabilidad económica y «la herencia» de generación en generación, entre otros factores.

La cuestión es que, en la modernidad, las transformaciones sociales hacen que, dichos factores primitivos, ya no corran los mismos riesgos del pasado.

De esta manera, para la reproducción -en la actualidad- ya no es necesario ni siquiera una pareja estable.

Para el cuidado de la infancia las cuestiones fundamentales han cambiado. Una madre puede cuidar de sus hij@s sin un padre y viceversa (aún entendiendo la complejidad de dicha temática).

En cuanto a lo económico, al menos en teoría, se ha modificado puesto que las libertades aumentan las probabilidades económicas. Ya no es solo el hombre el generador del capital familiar.

Y finalmente, en cuanto a la herencia… ya no es necesario una pareja para recibir herencias. Dicho papel lo garantizan los contratos y la Justicia, entre otros.

Segundo renacimiento: el fin de la monogamia sexual como método de reconstrucción de la pareja.

De esta manera, viviendo los tiempos en que vivimos, es altamente probable que la monogamia sexual como motor de la pareja se relaje o – al menos- cambien sus reglas ortodoxas.

Incluso, los especialistas sostienen que la apertura (al menos en la simple posibilidad de elegir otra pareja en términos sexuales) podrían fortalecer las relaciones al brindar nuevas experiencias, renovar deseos e incluso fortalecer las maneras en que las parejas monogámicas se expresan en la sexualidad.

Con ello, se cree que la monogamia social no sólo continuará vigente sino que se fortalecerá.

¿Por qué? Porque las libertades de sexuales harían que las parejas elegidas se vuelvan más estables y reales.

Cabe destacar que la monogamia social (o convivir y compartir con una sola persona) es un modo sano de relación que fortalece económica, social y psicológicamente a quienes conforman la pareja tanto individual como socialmente.

El fin de la pareja binaria o la recuperación de la naturaleza

La pareja binaria como tal es un hecho reciente en la historia de occidente. En la antigua Grecia o el imperio romano, tanto la homosexualidad como la bisexualidad fueron hechos que formaban parte de la normalidad.

Las enfermedades sexuales y el medievalismo religioso fueron los motores de la monogamia que hoy tenemos establecida como parte de la sexualidad actual. Pero también fueron las que prohibieron literalmente las relaciones del tipo bi u homosexual.

Sin embargo, las sociedades modernas (a las que denominó que viven un «segundo renacimiento») viven bajo otros términos.

Los peligros de las enfermedades sociales tiene herramientas de prevención y cura bajo términos educacionales y sanitarios.

Los principios éticos religiosos ya no son la parte central de nuestra sociedad (sobretodo por la cantidad de denuncias por abusos sexuales y los abusos de poder por parte de las principales instituciones del mundo). Aunque siguen teniendo un fuerte valor en la sociedad.

Sin embargo, bajo estas nuevas transformaciones la manera en que nos relacionamos viene haciendo lo mismo. Las reglas de la vida ya no son las mismas, son más libres… la sexualidad lo es, por ende es natural que la monogamia -al menos en términos sexuales- también encuentre espacio para una mayor libertad sin la necesidad de recurrir a la hipocresía como método rector.

Fuentes: El Confidencial

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