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REFLEXIONES. La periodista Camila Borda nos brinda una reflexión profunda sobre el valor del 8M llamando a que «ninguna quede en el olvido». Un día de lucha más.

2022 es un año bisagra y este un día que muchos aún no logran entender. El día de la mujer continúa viéndose como un día de festejo, sin embargo su propio sentido indica otra cosa. Camila Borda nos ayuda a reflexionar al respecto. En su texto invita a realizar una lectura crítica sobre las acciones cotidianas y también sobre como la masculinidad afecta la vida de las mujeres.

20220308 - 8M ninguna en el olvido por Camila Borda

«8M: ninguna en el olvido» por Camila Borda

(*) Camila Borda es periodista en Fm Radio Municipal de La Toma. Conductora del Programa «Más Vale Tarde». Locutora en la última edición del Festival Nacional del Marmol Onix. Ella participa en cada evento de la localidad siendo una de las voces de difusión de La Toma, Provincia de San Luis.

El 8 de marzo es una fecha trascendental en la vida de todas las mujeres, aquí no cabe duda alguna de que nos encanta recibir saludos, besos, abrazos y derechos. Más allá de esa banalización, hoy desperté y pude palpar a mi alrededor la realidad sobre la que quiero invitarte humildemente a reflexionar en el marco de este dia tan importante y en el mejor de los casos que dichas reflexiones puedan cultivar en vos el deseo de seguir investigando sobre nuestra histórica lucha.

En principio, una de las cuestiones centrales o puntos de partida que considero pueden ser de utilidad para empezar a entender las implicancias del 8M son las conceptualizaciones de perspectiva de género y feminismo. Claro que estas definiciones no serán vastas a toda la información que querría brindarles; pero intentaré acompañarte a subir un peldaño más hacia una mejor comprensión.

La perspectiva de género comprende tanto lo femenino como lo masculino que se compone de una mutua relación, cultural e histórica. Ahora bien, esto no tiene que ver con los sexos sino con las conductas tanto femeninas como masculinas. Si repasamos en la historia entre fines de los años 80 y comienzos de los 90 el concepto de género adquiere mayor consistencia dentro de América Latina a través de intelectuales feministas que logran instalar la discusión sobre la denominada perspectiva de género dentro de la academia y las políticas públicas. Este enfoque opta por una concepción epistemológica que se acerca a la realidad desde las miradas de géneros y sus respectivas relaciones de poder.

El feminismo hace referencia a movimientos de liberación de la mujer que buscan generar pensamientos de acción, teoría y práctica. Dichos movimientos pugnan por un cambio dentro de las relaciones sociales que conducen a la liberación de la mujer mediante la eliminación de jerarquías y desigualdades entre los sexos. La teoría feminista es un estudio profundamente sistemático de la condición de las mujeres, su papel en la sociedad y las vías posibles para lograr su emancipación. Es plausible analizar el feminismo como un movimiento político integral que se opone al sexismo en todos sus terrenos.

Sobre esta base ahora te propongo que podamos dilucidar algunas y solo algunas de las cuestiones que volcadas a la práctica dejan entrever que tenemos mucho trabajo por delante.

«La Declaración Universal de Derechos Humanos establece que “todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros” (artículo 1). Y agrega que “toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición” (artículo 2)».

El resultado histórico de estas construcciones culturales aún denotan la enorme inequidad y la privación de derechos hacia una gran mayoría de mujeres. Están instaladas en las distintas sociedades y de manera explícita dentro de leyes, normas, etc. Resulta pertinente poner en sus manos un antecedente que pueda acercarnos a un mejor entendimiento.

En Argentina, las mujeres accedieron al derecho a voto a mediados del siglo XX, aunque su acceso masivo como representantes en el Poder Legislativo se dio en el año 1992 a raíz de la sanción de la Ley de Cupo Femenino. Esto significa que, en un primer momento, pudieron elegir a sus representantes (varones) pero sólo en contadas ocasiones pudieron actuar ellas mismas como representantes. Actualmente solo algunas mujeres han accedido a través del voto popular a ocupar cargos destacados pero no fuimos durante mucho tiempo parte de la construcción de nuestra historia y esa es una gran deuda no saldada. ¡Vamos por más!

Una de las principales fuentes de desigualdad tiene que ver con el trabajo doméstico. Si bien a mediados del siglo XX hay una fuerte incorporación de la mujer al mercado laboral, está incorporación al ámbito público no la exonera de sus responsabilidades reproductivas, configurándose una doble y hasta triple jornada laboral bajo el ideario de la mamá luchona que se sumó a la larga lista de quehaceres al conseguir un trabajo remunerado sin descuidar del hogar. Una práctica que puede ayudarnos a evidenciar esta problemática es preguntarse a sí mismas/os o a sus pares ¿Cuántas horas del día le dedicas a las tareas del hogar?

Hay una necesidad más urgente todavía sobre una pirámide que invito a imaginar, allí en la cima faltan mujeres y en la base sobran por la sobrecarga del trabajo doméstico que mantiene a las trabajadoras atrapadas en los escalones más bajos de esta pirámide económica. La desigualdad existente entre varones y mujeres es un hecho, y las estadísticas oficiales de todos los países así lo demuestran. A pesar de haber conseguido el derecho al voto, incluso siendo mayoría en las universidades y de participar en el mercado laboral, las mujeres no lo logran de hecho la igualdad sigue siendo necesaria.

Esta situación trae aparejada tanto menores ingresos como mayores niveles de informalidad laboral, mención especial requieren las mujeres menores de 29 años que alcanzan una tasa de desempleo de hasta un 21, 5% lo que indica que más de 1 de cada 5 busca activamente trabajo y no consigue, superando doblemente el promedio general del país.

Lo que estos números reflejan es la difícil inserción de las mujeres en el mercado laboral y en el mismo sentido no debe sorprendernos que las asalariadas presenten niveles más altos de no registro de un 37,1% siendo que más 1 de cada 3 no cuenta con ningún tipo de seguridad laboral, ni aportes jubilatorios y Obra social. Estos son a grandes rasgos algunos números que permiten dimensionar apenas uno de nuestros tantos desafíos para una mayor equidad de género. No se conformen, los convido a la mayor búsqueda de información posible.

Bibliografia: Botto,Candelaria. Los números de la desigualdad en «No es amor». «Aportes al debate sobre la economía del cuidado».

De todas las maneras que intento echar luz sobre las grandes inequidades comprendo que a veces solo preciso que puedan ponerse en los lentes de esta perspectiva; y a decir verdad quiero concluir y retomar la idea de reflexionar no solo sobre las problemáticas sino también sobre las grandes conquistas que fueron muchas y de las cuales estamos sobradamente orgullosas.

Por otro lado dejar expreso el gran dolor que ocasiona lo que no pudimos cambiar todo aquello que todavía queremos evitar y que traducimos en una gran fortaleza. Es cierto que no conseguimos frenar todas las violaciones ni todas las muertes por eso seguimos interpelandonos, escuchándonos y hablando porque hoy la palabra es la verdadera revolución que nos otorga la posibilidad de repararnos históricamente.

Nos enrollamos e hicimos girar el rollo para que juntas podamos ser la voz parlante de las mujeres asesinadas, violadas y desaparecidas. Es al día de hoy que planteamos la urgente necesidad de una tarea colectiva que consiste en profundizar sobre los derechos, igualdad, dignidad y justicia, pese a que dichos procesos son lerdos y en muchos de los casos dolorosos, es desde allí que apelo a considerar el verdadero cambio que debe ser estructural y cultural en pos de una transversalidad en todos los sentidos y sin sesgos.

Las violencias son otra pandemia y es preciso detenerlas. Frenar la violencia no es frenar el amor. Porque lo que nosotras entendemos por amor es oxígeno, libertad y respiro. El amor, entiéndase, no es carga mental, no es tareas de cuidados sobrecargados ni quehaceres domésticos a tiempo completo. Y ante esta idea quiero decir, yo si creo en un feminismo que incluya a los varones de modo que podamos interpelarnos este tipo de debates ineludibles desde una mirada más
integradora, sin embargo, debo admitir con contundencia que no es una tarea sencilla. Valoro a los varones capaces de escuchar a sus hijas, hermanas, amigas, vecinas, madres pero no las escuchen menos.

En general, son discusiones que nos conducen al conflicto y en esto sugiero detenernos, ya que el conflicto permite potenciar las diferentes miradas. Debemos dejar de entender el conflicto como una ruptura y empezar a analizarlo como una forma de entendimiento, consentimiento y solución mutua. Ahora cabe preguntarse si cuando lo llevamos a la práctica se evidencia o no ese 50 y 50.

Este 8 de marzo propongo que eches un vistazo sensato a ese 50 y 50, al miti-miti para que sea una fecha en la que estemos dispuestos como sociedad a meternos en ese rollo; y en esta gran revolución de historias que sacaron a la luz los más crueles hechos de violencia hacia nuestras compañeras y ofrezcamos a ellas nuestras más sinceras demostraciones de apoyo. Por las que están, por las que no, por las que merecen justicia y por un mundo donde podamos cultivar más amor y menos odio.

Fotos: Camila Borda / @im.baby.blue

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