Pandemia saga

Reflexiones en tiempo de pandemia por el Dr. Guillermo Tonelli Cejas. Palabras de la experiencia y la historia personal. Saga, PARTE I

Hace seis meses poca gente tenía conocimiento de la existencia de la palabra Pandemia, menos aún, de su tenebroso significado.

La ciencia médica nos había dado una especie de seguridad ciudadana y las enfermedades – hasta las que no “tenían cura” -ofrecían un menú de tratamientos que alentaban nuestra esperanza de sobrevida.

La existencia había pasado a ser una entidad casi segura, el temor por la pérdida masiva de seres humanos se había trasladado a los accidentes, –enfermedades crueles habían pasado a denominarse científicamente accidentes- catástrofes naturales o guerras propiciadas por nosotros mismos los seres humanos.

Las enfermedades de transmisión masiva habían ocurrido y eran historias en las revistas médicas, capítulos entre los estudiantes universitarios.

El colmo, un grupo de ciudadanos habían tomado partido contra las vacunas sin considerar que gracias a ellas y al descubrimiento de los antibióticos gozábamos de esta normalidad saludable.

Solamente los investigadores especializados en microbiología nos alertaban sobre una posibilidad del rebrote mundial de infecciones sin tratamiento, ni cura. Aparecían fugazmente en las noticias y se perdían en la nebulosa de la incredulidad social.

Hoy la palabra pandemia se nos ofrece con total brutalidad y sus efectos en catarata nos afectan la salud, la economía, nuestras interrelaciones personales y sociales.

Ante nuestros ojos y en tiempo real, -gracias a la tecnología comunicacional- se desgranan estructuras que creíamos sólidas, indestructibles y sobre todo invencibles.

Un virus. Una partícula sin vida (Reino: Aciota) que necesita de una célula para adquirir existencia, invisible al ojo humano, que flota en el aire buscando continuar con su especie; nos afecta con su necesidad, la misma que llevo a la especie humana a hacer desaparecer miles de otras especies para favorecer la suya.
Nos afecta individualmente porque nos Enferma y mata.

Económicamente porque pone en riesgo la “economía mundial” y no lo expreso desde el punto de vista de la riqueza o la pobreza solamente, sino que, pronto o tardío; hará tambalear nuestro régimen de distribución de alimentos indispensables para sostener nuestro bienestar.

Agrede en las políticas de Estado que conducen los diferentes países para defender a sus ciudadanos de la trasmisión del virus, deja al descubierto éxitos y fracasos de sus estrategias sanitarias, juega su credibilidad y expone su poder de generar confianza en la población, exalta las diferencias metodológicas e ideológicas de los integrantes de un gobierno y sus opositores.

Socialmente desgrana nuestro régimen de relaciones interpersonales volviéndonos sospechosos bajo el término de portador.

Afecta nuestro orgullo como especie predominante. La impar defensa posible para evitar la enfermedad: “Quédate en casa” propone una limitación vergonzosa.

“Lávate las manos y no te toques la cara” Remedios que por simple, barato y primario casi nos injurian cuando lo escuchamos en boca de nuestros sabios.

¿Y el virus?: El único responsable de toda esta debacle de la humanidad; con la magna debilidad de morir si en tres horas no consigue una célula para reproducirse: Espera.

Espera en el aire, escondido en alguna superficie solida (creada por el hombre) para lanzar su ataque fatal.

Conoce la limitación de la especie humana; sus contradicciones y soberbia; sabe que alguna conducta errónea le otorgará una grieta ínfima y necesaria para continuar con su vida; que es nuestro problema.

Esta lucha por la vida, – entre el virus y los humanos- tiene nombre, se llama: Pandemia: Hoy nos toca sufrirla.

Por Dr. Guillermo Tonelli Cejas

Foto: cromaconceptovisual

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