Ni un solo átomo de humanidad…

#Reflexiones La pandemia nos dio espacio a mejorar como sociedad, sin embargo sacó lo peor de nosotros y evidenció que no somos ni siquiera un átomo frente a la naturaleza.

Casi sin darnos cuenta, ya estamos en noviembre. En sólo 60 días finaliza un año que ingresó de lleno en las memorias para el olvido. Pero no sólo por la pandemia, la crisis económica, política y social que atraviesa el planeta entero… sino porque por primera vez -en lo que llevó de vida- veo que exige algo que nos toca a tod@s por igual. Que nos une realmente.

Sin distinguir color, nacionalidad, procedencia ni clase. Cada ser humano fue y es igual frente a este virus… y esa igualdad puso sobre la mesa una oportunidad de pensar como especie. De dejar las diferencias a un lado por un rato para buscar soluciones. Para salvarnos. Sin embargo, eso no sucedió.

Aunque no se puede negar los esfuerzos de quienes hace 8 meses que no duermen…lo cierto es que se ha despertado lo peor de nosotros. Podemos buscar excusas como el cansancio, el enojo y la resignación pero me parece que es parte de esa lógica que tenemos de no hacernos cargo de nada. De echar culpas, buscar culpables, en lugar de soluciones. Y han jugado con nuestras mentes para pronunciar ese enojo, ese cansancio dando lugar a una violencia de todo tipo sin precedentes.

En un momento donde podíamos repensar el destino mismo de la humanidad, la mezquindad individual sea ha impuesto. Es parte de la educación de un sistema que caducó y no se transforma. Sólo modifica lo necesario para mantenerse vigente pero no cambia. Nos engaña pero no cambia… y tod@s y cada un@ tenemos algo de responsabilidad en ello. Como individuos y como seres de un espectro mucho más amplio como lo es la sociedad y la humanidad misma.

No somos siquiera el equivalente al tamaño de un solo átomo de toda esta existencia

Por eso, creo que es un año para el olvido porque el virus evidencia que el verdadero virus sobre la faz de la tierra somos nosotros. Los seres humanos. Devastando todo, poco a poco, terminando en el odio… dejándonos atrapar por él. Nunca pierdo las esperanzas, sé que somos muchos los que profesamos otra forma de ver y construir el mundo… pero ni siquiera en medio de una pandemia hemos logrado dejar de lado nuestros mezquinos intereses individuales. Cuanto más colectivo demanda la situación, hay personas empeñadas en difundir y establecer la división, el odio y la desesperanza.

Por eso, 2020 es un año bisagra pero de una puerta desgastada y oxidada por nuestra propia mezquindad humana. Nos creemos infinitos en un universo de 4600 millones de año, donde no hemos habitado ni un minuto de existencia y donde -cada cual- no somos siquiera el equivalente al tamaño de un solo átomo de toda esta existencia.

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